viernes, 31 de julio de 2009

Carta a la AVT

Me enteré recientemente de la noticia de que el pasado 26 de Junio la AVT ha acusado al grupo Lendakaris Muertos, junto con otros más, de hacer apología del terrorismo, y que ha animado a que se prohíban sus actuaciones en diversos festivales este verano[1]. Asimismo, un vistazo a la sección de noticias de su página web muestra que no es la primera vez que lo denuncian, ni a este grupo ni a otros.

Quiero rebatir la veracidad de estas acusaciones para el grupo Lendakaris Muertos.

Lendakaris Muertos es un grupo navarro de punk de la vieja escuela. Hace punk clásico, con temáticas polémicas y, sí, refiriéndose a la violencia. Pero no podemos decir que pertenezca al entorno de la izquierda abertzale, ni mucho menos que sea proetarra. ¿En qué nos basamos para sostener esta afirmación? En que una buena parte de sus canciones está dedicada a reírse de la izquierda abertzale.

Valgan como ejemplo las dos canciones que ustedes han considerado ofensivas[2]: Fuimos ikastoleros y Veterano de la kale borroka.

La letra de la primera empieza diciendo “¿Dónde se esconden las pistolas? / En los pupitres de las ikastolas”. Es altamente improbable que un grupo abertzale acuse directamente a estos establecimientos educativos de formar etarras. A partir de ahí, toda la estructura de esta supuesta educación etarra se desvela irónica. La burla alcanza su apogeo en el verso 7: “Todo el que tenía RH negativo / cuando llegaban las notas le daban un positivo”. Es un uso bastante claro del recurso estilístico llamado antítesis, y mueve a la risa por la mera imagen de un profesor subiendo la nota a unos alumnos por su grupo sanguíneo. Posteriormente llega a acusar a las ikastolas de matar profesores españolistas. Si la canción está redactada por un grupo proetarra, desde luego no les está haciendo ningún favor.

En cuanto a Veterano de la kale borroka, trata de un miembro de este movimiento vandálico que exige que sus “cicatrices de guerra” le permitan obtener una pensión del Estado, igual que los veteranos estadounidenses de Vietnam. Estamos de nuevo ante ironía: no es razonable pensar que un vándalo callejero, por mucho que se vea a sí mismo como un luchador por la libertad, reclame una pensión. (...)


[1] http://www.avt.org/noticias.php?noticia=181
[2] http://www.avt.org/docs/LETRAS%20OFENSIVAS%20LENDAKARIS%20MUERTOS.pdf
http://www.lendakaris.com/letras.php


Esta es la carta que Kunster y yo le estamos escribiendo a la AVT. A ver si sirve para algo.

sábado, 25 de julio de 2009

Que ser libre no es un cuento

Envuelto en su manía persecutoria, cerró la puerta. Así había sido siempre, siempre desde que él recordara. Su corta vida no era más que una sucesión de personas que le repetían, una y otra vez, que no servía de nada tener miedo. Luego vinieron las camillas, los fingidos gestos de comprensión, los rostros que, seleccionando cuidadosamente hasta el más mínimo levantamiento de cejas, intentaban empujarle a seguir hablando. Y no sé, doctor, no sé por qué me pasa. Pero daba igual, siempre dio igual, porque ellos lo sabían (creían saberlo) todo sobre él antes que él mismo tuviera siquiera idea de si hacía calor o frío.

Así que cerró la puerta. Dentro, el miedo; fuera, la luz. No tenía muy claro cual de las dos cosas prefería. La luz siempre le había inspirado pánico: todo el mundo podía verle cuando había luz. En cambio, el miedo en sí mismo ya no le aterraba, había aprendido a convivir con él, tal y como se hace con cualquier otro animal doméstico. Por las noches, el miedo era su compañero de cama. Se introducía bajo las mantas, sutil al principio y más agresivo finalmente, reptaba hacia él en silencio, conscientre de que para realizar ciertos actos no hacen falta las palabras. Al llegar el alba, era él quien madrugaba y preparaba el desayuno, mientras que el miedo, perezoso, seguís durmiendo algunos minutos. Podría decirse que ese era el único momento del día en que realmente se sintiera solo, en que realmente se sintiera libre.

Por lo demás... dentro de la sala no había nada. Nada, como siempre. Como estaba condenado a continuar siendo. El miedo. Las voces. De nuevo.


- ¿Ya has despertado? Te prepararé el desayuno.

Luz. Más luz.

- Sí, mamá.

viernes, 24 de julio de 2009

Constitución

La palabra “Constitución” tiene una larga historia. En tiempos de los romanos, una constitución era una norma jurídica que redactaba el emperador, en oposición a una ley, promulgada por los comicios. La palabra permaneció en el lenguaje de la Edad Media y la Edad Moderna para designar una de las múltiples normas que reyes y emperadores absolutos podían dar: como todas provenían del rey, la diferencia entre la constitución y otros documentos –decretos, edictos, leyes...- desapareció.

En el siglo XVIII las cosas empezaron a cambiar. Apareció la idea de que los seres humanos –todos ellos- tenían una serie de derechos naturales (libertad de expresión, propiedad, libertad de culto...) que el Estado estaba obligado a respetar. Y, como veían que los reyes absolutos hacían cualquier cosa menos eso, una serie de filósofos –Locke, Rousseau, Montesquieau...- propusieron una nueva teoría estatal: los países no podían depender de una persona que ejerciera todas las facultades del Estado, sino que estos deberían estar en tres poderes, que, mediante un adecuado equilibrio, impedirían la tiranía:

· El poder legislativo, o capacidad de hacer las leyes, debía residir –en todo o en parte- en una asamblea de ciudadanos electos.
· El poder ejecutivo, o capacidad de ejecutar las leyes, debía residir en el rey y sus ministros o en la figura republicana equivalente.
· El poder judicial, o capacidad de condenar a los ciudadanos por transgredir las leyes, debía residir en jueces independientes.

Así, la teoría estatal liberal puede resumirse en dos aspectos: a) Reconocimiento de los derechos naturales que tienen las personas; b) Separación de poderes para garantizar estos derechos. Pues bien: la norma jurídica en la que deberían estar contemplados estos dos aspectos es la Constitución. O, en palabras del artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano: Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada y la separación de poderes determinada no tiene Constitución.

A esta definición, clásica en el terreno del derecho político europeo, se le ha añadido posteriormente otra idea: una Constitución tiene que venir del pueblo, es decir, ser elaborada por un Parlamento electo. Esto es así para excluir de la categoría de Constitución a las llamadas Cartas Otorgadas: normas redactadas por un rey absoluto en las que limitaba parcialmente su propio poder, pero manteniendo su primacía frente al Parlamento. Probablemente los legisladores franceses ni siquiera pensaban en la existencia de estas normas cuando redactaron su Declaración: ellos daban por hecho que la soberanía residía en la nación y no en el rey.


¿Sabéis? Estoy escribiendo un libro
¿Sabéis? No se me ocurría tema.