jueves, 3 de septiembre de 2009

Querida Clara:

Los minutos pasan, pasan, pasan. Tú lo sabes. Pero el reloj no. Y se niega a moverse, se niega a mover una sola de sus agujas. Es un reloj de pulsera, viejo, cascado, ni sé por qué se ha parado, ni por qué me lo han dejado. Quizá para que me martirice viendo pasar el tiempo, sin saber ellos que eso ya es imposible. O quizá para torturarme con esa inmovilidad infinita, si es que han descubierto que la pila no funciona.

Me duelen las muñecas. Será por la humedad. O quizá es el peso del reloj, el reloj parado, intentando hacerme creer que detener el tiempo es quizá posible. No, nunca, quimeras. Yo no quiero parar el tiempo. Sería inútil. Y si yo estoy hoy aquí es por algo, si ellos están allí, al otro lado, esperándome, no les daré el placer de intentar huír, y si mis compañeros preparan algo o no, da igual, no merece la pena. Nunca. Parar el tiempo sería rendirse. Negarse que lo hecho haya servido para algo.

El suelo está duro. Asquerosamente duro y mojado. Hay humedad en toda la celda. Ni un solo resquicio fuera de esta jaula de piedra y crueldad. Ni un rayo de luz. Solo humedad, la humedad que ya es mía, que se hunde en mis muñecas, que perfora mis muñecas, que parece detener el tiempo en la eterna inmovilidad de las agujas del reloj. No, el tiempo nunca se detiene, nunca es tan atroz ni tan misericordioso. Ninguna de las dos opciones es la correcta. El tiempo pasa, siempre pasa. Para unos comienza, para otro cambia, para mí se acaba.

Y la humedad perfora mis muñecas, estrecha las argollas, argollas de debilidad y muerte, corta mis muñecas, hace sangrar mis muñecas. Mi dedo y la sangre. Nada más.


"Cuando esta carta llegue a ti, ya no existiré. Y aunque mamá te explicará porqué no estoy, debes de saber, que he vivido hasta el último instante de mi vida con mucha honra y mucho orgullo, y siempre fiel a mi ideal. No fui un cobarde, no robé a nadie, luché sin tregua hasta el final. Y he muerto dando la cara al enemigo.

Si cien vidas tuviese, las cien daría por defender a la República. No creo que el Fascismo consiga vencer. Pero si la maldad de los falangistas pudiera más que la razón, no ayudes nunca a mis asesinos, no hay que tener consideración, que hoy no la tienen hacia nosotros. En algún momento podrás saber de todas las atrocidades que han cometido.
Solo te pido que cuides a mamá, a tus tíos y a tus abuelos. Y mira bien por tu hermano, no os peleéis y trata de ayudarle, y que él te ayude siempre.
Salud y felicidad, mi último pensamiento será para vosotros. "

1 comentario:

Shaynne dijo...

Sí, sé que esto lleva un tiempo abandonado, pero lo hecho hecho está, tomémosnoslo como unas vacaciones, si no merecidas, sí bien ganadas.